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⚡ La promesa de la “electrolinera cada 2 kilómetros”: ¿visión de futuro o simple ficción comercial?

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En los últimos meses han surgido titulares que anuncian modelos de infraestructura eléctrica que supuestamente transformarían la movilidad en las grandes ciudades: redes de carga rápida distribuidas cada dos kilómetros, decenas de estaciones de 80 kW instaladas en meses, e inversiones millonarias que sonarían más propias de Silicon Valley que de la realidad latinoamericana.


Pero ¿Qué tan viable es este modelo? ¿Existe en algún país del mundo una red de carga rápida urbana tan densa? Y, sobre todo, ¿responde a las necesidades reales de los conductores y al comportamiento del mercado?

La respuesta corta: no, ni existe, ni es un modelo sostenible, ni se ajusta a la realidad técnica, económica o de uso de los vehículos eléctricos.


🌍 El modelo “carga rápida cada 2 km” no existe ni siquiera en Estados Unidos o Europa

Incluso en países con décadas de infraestructura —Estados Unidos, Noruega, Holanda, Alemania— la carga rápida se concentra en corredores estratégicos, autopistas y nodos de movilidad, no en una cuadrícula urbana cada 2 km.


¿Por qué? Porque la carga rápida no fue diseñada para uso cotidiano, sino para viajes interurbanos. Tiene costos operativos muy altos, exige potencia elevada, degrada la batería más rápido y no escala bien en centros urbanos, donde el tráfico eléctrico carga mayoritariamente en casa o en estaciones semirrápidas.

Hablar de una red ultra densa de carga rápida urbana no solo es atípico a nivel internacional:✅ no existe en la prácticano es adoptado por ninguna ciudad eléctrica avanzadano responde al comportamiento real del usuario

Es un discurso atractivo, sí. Pero no basado en evidencia.


🔋 La realidad técnica: la carga rápida masiva no es sostenible

Implementar decenas de puntos de 80 kW en entornos urbanos implica:

  • Altísimo consumo de potencia que las redes locales no suelen soportar sin obras mayores.

  • Costos de conexión que pueden superar la inversión del propio cargador.

  • Mantenimiento costoso y mayor riesgo de fallas.

  • Impacto real en la vida útil de las baterías si el usuario depende de este tipo de carga con frecuencia.


Los fabricantes mismos recomiendan que la carga habitual sea en AC, nivel 2, no en DC rápida.


Por eso, en mercados maduros la fórmula es clara:✅ Carga rápida en autopistas✅ Carga semirrápida en ciudades✅ Carga lenta en hogares y oficinas

Un mapa urbano saturado de carga rápida no tiene ningún sustento técnico.


💰 La realidad económica: las matemáticas no dan

Para que un punto de carga rápida sea rentable necesita:

  • Altas tasas de uso (difícil en ciudades donde el 80% de cargas se hacen en AC)

  • Tarifas elevadas (generalmente más costosas que el combustible)

  • Alto costo del kWh por demanda y potencia

  • Inversiones por estación que superan los USD 150–250 mil


Además, una red “cada dos kilómetros” en una sola ciudad implicaría inversiones de decenas de millones de dólares, algo que ni los operadores más grandes de Estados Unidos han logrado.


Difícil imaginarlo sostenible en un mercado que aún está creciendo.


🚗 La realidad del usuario: lo que sí funciona

El usuario colombiano —como el europeo, estadounidense o asiático— prefiere:

  • carga semirrápida (AC) de 7 a 22 kW

  • tarifas bajas y transparentes

  • facilidad de acceso

  • puntos ubicados en centros comerciales, residencias, oficinas y destinos de permanencia


No necesita una estación rápida en cada esquina. Necesita infraestructura real, bien pensada y accesible.


✅ Conclusión: más ingeniería, menos titulares

Proponer modelos urbanos de carga rápida ultra densos puede sonar disruptivo, pero no se sostiene en la realidad técnica, económica ni global.

Si queremos avanzar hacia una movilidad eléctrica sólida, seria y sostenible, el camino es:

  • Infraestructura semirrápida, estable y escalable

  • Redes inteligentes con costos razonables

  • Experiencia de usuario clara, transparente y sin promesas vacías

  • Expansión planificada acorde al crecimiento del parque automotor eléctrico


La movilidad eléctrica en Colombia merece propuestas reales, no aspiraciones difíciles de ejecutar.


Y eso comienza con infraestructura honesta, viable y diseñada para durar.

 
 
 

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